..Acaricio
tu ceja irredenta,
despejada
y albar,
con premura,
sin sosiego,
hasta volverla
azul de trigo,
hasta plantar mi blasón
en tu espigada
sonrisa.
El sexo,
abultado y cuneiforme,
se eterniza
en tu ceja,
se viste de domingo
y pasea
en el alero
de tu frente,
soportando
mis miradas,
mis caricias,
mis palabras.
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