A una amiga entristecida


No quiero ver
tu sonrisa encarcelada    
entre la duda y la tristeza.

No quiero oír
que buscas
los porqués
en madrugadas sombrías.
                                                        
Voy a ignorarte,
cuando dices
que tu casa no es tu casa,
que tu almohada está vacía.

Tu eres Luz y Fuerza.
Versos,
recitados en la penumbra.
Piel,
inundada de atardeceres.

Tu eres
el Camino del Hombre y
la Huella de Dios.
Porque eres, amiga mía,
la Sal de esta tierra.
Bendita seas.



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