A ti, esclava y nube, sumisa y viento


Esta tarde
de luciérnagas tempranas.
Esta tarde
de volutas olvidadas.
Son horas sin agenda,
pérdidas en la arena del sentido.

En este tiempo
vago e inconcreto, reflejo
de un momento cotidiano,
quiero labrarte un verso
que abone el universo de tu entrega.

Prestarle mi sudor,
acunarlo entre los brazos,
plantarlo fuertemente
en el surco de tu alma,
regarlo
cuando la Luna se vista de organdí.

Quiero tejerte
un collar de poesía,
ceñir tu pezón dormido
en presas de zarzamoras,
abrir tu vientre
con dedos de mar y sueños.

Azotar el firmamento
de tu espalda
con mi pasión erguida,
perderme
entre tus pliegues salados
y encontrarme en el filo de tu aliento.

Eres esclava sin cadenas,
entregada
sin recompensa,
con el perfil sumiso
y la altivez
prendida en el hueco de tu sonrisa.

Hermana mía:
uno solo de tus suspiros
es prenda inmortal,
dos de ellos,
un horizonte de aguamarinas.

Ni existe riqueza más preciada
que tu entrega,
ni nadie posee
mayor tesoro oculto
que tu Dueño.

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