toca con los dedos
el horizonte
de tus sueños,
acaricia
su perfil inconcreto,
vagamente griego.
aspira
el soplo marino
de tu sexo
- meandro primigenio -,
ábrelo por sus extremos
y desgarra
los pálidos rosados
hasta que
formen
la palabra sagrada:
AHORA
nunca un horizonte
fue tan cercano.
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