No es eso,
no.
No.
Quise que te entregaras
en un pupitre
donde aprender
a amar el viento,
a amar la sal
de un sexo entreabierto,
el acre sabor
de un falo enhiesto.
Un lugar
a horcajadas
entre el sueño y el martirio,
con miles
de risas febriles
subiendo
por las paredes.
Pero me preguntaste
por una mesa
de despacho,
un orgasmo
inacabado,
un amanecer
de telediarios apagados.
No es eso, no.
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