Prendidita en un collar,
cuero y plata, plata y cuero,
mi alma sujeta llevas,
despacio por la avenida.
"Es un capricho", dijiste.
Yo, indulgente, sonreía,
ciñéndote el cuello altivo
con el abrazo aceptado.
Son tus caprichos, amor,
como flor de hierbabuena:
engalanan la mirada
y el espíritu sosiegan.
En tu cuello sometido,
plata y cuero, cuero y plata,
ufana mi alma pasea,
por la galana avenida.
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