La Sesión


Respiras a borbotones,
violines rotos,
inquieto el ánimo,
cegados
los ojos en ríos de seda,
silentes espacios
colmados de
intangibles aromas.
“¿Se ha movido?”

Las muñecas, esposadas en
abrazo acerado.
Los tobillos, unidos
en un destino común.
El cuerpo, espera.
Y tú.
“¿y Èl ?”

Espías sonidos que cuelgan
de tus pechos sudorosos
dejando un rastro
de ajenjo y sal entre
tus labios, sequedad infinita
que ningún mar
acierta a calmar.

“Y esos roces..”
 “Y ese aroma..”
Más ¡ay!:
el roce llega
de tus cabellos
y el aroma desde
tu sexo despierto…
“Pero por qué no habla…”
“Pero a qué espera…”

Y de pronto:
ráfaga repentina,
cuero repujado en  plata y oro.
Ese estallar contra la piel
Ese grito emboscado
Ese ahogo tan feliz…

¡Y estallan mil soles
y nacen cien astros
y tiembla, sorprendido,
el Universo entero!.

La sesión
ha comenzado.




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